Caos emocional - Mimi Albero
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Caos emocional

Entre los altos y bajos emocionales de estos últimos días he rescatado un artículo publicado por I. Jaimee, originalmente escrito en inglés. A continuación traduzco y añado varias frases de interpretación subjetiva para contextualizarlo.

Creo que es absolutamente necesario darle la importancia que requiere para nuestra salud física, mental y espiritual. Una invitación, en esta extraña primavera, a regar la semilla de empatía que depende de nosotros ver florecer.

‘Dejad de romantizar el encierro. Se está gestando una crisis de salud mental sin precedentes durante este peculiar momento de COVID-19, de confinamiento y de las cuarentenas.

En miles de publicaciones se habla de abrazar este instante hogareño, de estar en casa, de aprovechar el tiempo que tanto nos faltaba para leer, meditar, para cantar, bailar, pintar, retomar los instantes reconfortantes en familia. Para valorar de nuevo las cosas más simples. Se habla sobre la desaceleración del mundo. Se habla de la sanación de la humanidad. Es hermoso. Es un sentimiento excepcional, que sin duda conmueve.

Sí, por supuesto, es importante elevarnos a nosotros mismos y a los demás durante esta dificultad. Sí, por supuesto, tiene muchísimo valor aprovechar al máximo este momento inusual y emplear el tiempo adecuadamente. Sí, por supuesto, existe la oportunidad de sanar y tratar nuestros problemas a medida que surgen a través de la tranquilidad de nuestro confinamiento.

Pero, como de costumbre, nuestra obsesión por mantenernos positivos, tanto individual como culturalmente, acaba significando que no creamos el espacio para una experiencia humana mucho más compleja, real y cruda.

No creamos el espacio para que las personas se sientan libres y seguras para expresar sus luchas. Este mood extremadamente positivo por sobrellevar las dificultades tiene el potencial de silenciar y avergonzar a quienes sufren solos dentro de sus hogares, haciéndoles sentir que hay algo mal con ellos o su incapacidad para hacer frente emocionalmente a ciertas situaciones.

Creo que debemos detener el romanticismo del confinamiento porque simplemente, se está gestando una crisis de salud mental. Estas son solo algunas cosas que me gustaría que todos tengamos en nuestra conciencia durante este tiempo para que quizás podamos ofrecer el espacio necesario, para nosotros mismos y para los demás, de una manera más completa y saludable.

Los traumas infantiles que muchos de nosotros hemos podido sufrir tienen que ver en gran medida con la conexión o, aún más, con la falta de ella. Los apegos originales formados con nuestras unidades familiares pudieron ser complicados o incluso perjudiciales, dejándonos con una sensación molesta ante la soledad y el aislamiento, desconectados de nosotros mismos, de los demás y del mundo que nos rodea.

Para muchas personas, estar físicamente aislado en sus casas será por lo tanto un nuevo desencadenante, si no es ya por si mismo, algo traumatizante.

La mayoría de nosotros ni siquiera sabemos que tenemos traumas y heridas emocionales no gestionadas desde la infancia. Podríamos sufrir síntomas como adicciones, dolor crónico, depresión, baja autoestima o ansiedad. Es posible que nos guste demasiado beber, o que trabajemos demasiado, o que seamos demasiado fanáticos con el ejercicio. Podríamos viajar con demasiada frecuencia, siempre huyendo de la realidad, o socializar obsesivamente para rechazar la soledad que nos devora. Es posible que aún no hayamos descubierto el dolor que subyace en la raíz de estos comportamientos, porque están diseñados para alejarnos de él.

El ajetreo diario mantiene a raya los recuerdos traumáticos e invasivos. Las actividades del día a día se interponen entre nosotros, el trauma almacenado y la memoria emocional que habita en nuestro cuerpo. De alguna manera, el día a día nos impide sanar. Tratar cómo realmente somos. Pero en otro sentido, desvanece los límites de lo intolerable. Esto no siempre es malo. Nuestra vida cotidiana no solo nos distrae. También nos protege de la verdadera extensión del dolor que llevamos en silencio en nuestros corazones.

Es por eso que muchas personas luchan contra el ser y son adictas a hacer. Sí. Eliminar las distracciones diarias es una forma profundamente efectiva de llevar todos los desechos emocionales a la superficie, pero nunca recomendaría que se haga con tanta intensidad sin el apoyo adecuado.

Idealmente, este nivel de confrontación personal solo se llevaría a cabo en un centro específico, en un retiro con un guía cualificado y con orientación de un profesional, siempre accediendo desde la voluntad y no desde la imposición.

La única vez que dejamos intencionalmente a las personas solas con sus sombras de esta manera es en el sistema penitenciario, y también podría debatirse si resulta rehabilitador. Se acaba de poner a toda la población en confinamiento solitario y por lo tanto, desencadenar individualmente un caos emocional que no estamos preparados para gestionar. Además de abocar socialmente hacia una crisis psicológica colectiva.

Está muy bien decir que este es el momento en que debemos aprender a estar con nuestra agitación y dolor emocional, que es cuando debemos comenzar a meditar, investigar por nosotros mismos y encontrar silencio y consuelo. Pero la realidad es que solo el que ya lo ha experimentado anteriormente, voluntariamente y por algunos días; ya sea en retiros, retiros en silencio, en solitario. Puede hacerse realmente una idea más o menos cercana a lo que supone a nivel psicológico esta situación extrema. Y aún así, será una vivencia tan distinta como inesperada.

Son innumerables los beneficios del movimiento, la respiración, la quietud y la presencia. Son invaluables en el camino del autoconocimiento y desarrollo personal. Sin embargo, a muchas personas que arrastren un trastorno o trauma, al principio, les resultará categóricamente imposible hacer algo como sentarse a meditar, incluso durante unos minutos. Un sistema nervioso encerrado en la hiper estimulación puede hacernos gravemente deficitarios de atención. No podemos estar quietos. No podemos concentrarnos. La mente y el cuerpo se sentirán demasiado inquietos.

Los intentos de tal práctica en realidad pueden generar una sensación de pánico por la paz. Cerrar los ojos puede convertirse en una negación en casos de trauma agudo, ya que muchas personas descubren que simplemente los envía al flashback. Las prácticas de yoga y mindfulness que te piden que muevas el cuerpo de cierta manera o que prestes atención hacia adentro pueden hacer lo mismo. La respiración también puede causar que surjan emociones estancadas: no necesariamente nos calmará y centrará.

La realidad es que lidiar con esta experiencia y el particular bagaje de cada uno es una danza mucho más delicada de lo que la mayoría entiende.

En un trabajo efectivo para lidiar traumas y trastornos, lo último que se haría es desatar una marejada de viejas emociones de una sola vez. El sistema nervioso ya sobrecargado no puede manejarlo. Sentirlo todo de una vez sería, francamente, demasiado. Y eso es exactamente lo que les pasará a muchas personas en este momento. Muchos de nosotros necesitamos una orientación mucho más cuidadosa, delicada y aplicada individualmente.

Agrega a esto que nuestra salud está bajo amenaza. Agrega a esto que algunos de nosotros estamos perdiendo seres queridos. Agrega a esto que claramente hay otras agendas políticas desconocidas en juego. Agrega a esto el hecho de que muchas personas están bajo una enorme presión financiera. Agrega a esto que muchas personas con niños ahora no pueden acceder a ningún espacio personal. Agrega a esto que muchas personas no pueden salir a la naturaleza, una necesidad humana vital, y están siendo asfixiadas por cuatro paredes, las 24 horas, las 24 horas del día.

Nuestra libertad de movimiento ha sido arrebatada de la noche a la mañana. No sabemos cuándo nos será devuelta. Esta incertidumbre se sumará a la intensidad.

Muchas, muchas personas se sentirán agitadas, enojadas, deprimidas, ansiosas y asustadas. Muchas, muchas personas se sentirán confundidas, atrapadas y solas, incapaces de comprender el alcance de la desesperación que las está superando rápidamente.

Quiero que sepas que si sientes estas cosas, independientemente de tu historia, no es sorprendente y no es vergonzoso. La situación es abrumadora. Es traumático por sí misma y re-traumatizante para aquellos con vivencias ya sanadas o en su proceso.

Aprenderemos mucho durante este tiempo, definitivamente. Algunos de nosotros aprenderemos a ser más tranquilos. A necesitar menos. Muchos de nosotros obtendremos preciosas horas con nuestros seres queridos que serán atesoradas y recordadas para siempre. Pero la mayoría de nosotros también sufrirá estos bloqueos en un grado u otro. Algunos terminarán en una grave crisis emocional debido a ello. No todos tendrán acceso a la ayuda que ambos necesitan y merecen.

Comprendamos que cada una de nuestras experiencias será muy diferente y será igualmente válida. Está bien si estás disfrutando tu tiempo fuera del trabajo. Está bien si te sientes completamente aterrado por tu repentina pérdida de ingresos. Está bien si disfrutas cantando junto a viejas colecciones de música mientras limpias tu casa en primavera. Está bien si no puedes levantarte del sofá y sentir ganas de gritar. Está bien si sientes todas estas cosas o te sientes en algún punto intermedio. Está bien si lo que sientes parece cambiar de un día a otro o incluso de un momento a otro.

La persona que lee libros y medita o se divierte haciendo castillos con sus hijos con rollos de papel higiénico no es mejor que la persona que llora en un cuarto oscuro o les grita involuntariamente a sus hijos porque ya no puede soportarlo. Quizás uno encuentre hoy las herramientas para lidiar con esta situación increíblemente desafiante, quizás el otro las encuentre mañana. Tal vez uno simplemente está teniendo un mejor día que el otro. Nadie está fallando. Todos estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo.’

Así que abracémonos, simbólicamente, unos a otros. Abracémonos suave ante la dura realidad de este momento sin precedentes. Porque quizás, si podemos hacer eso por encima de todas las demás cosas, la humanidad realmente comenzará a sanar.

Texto original I. Jaimee. Adaptación, M. Albero.

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